La pillo con las manos en la falda, bajándosela despacio, y ya no hay vuelta atrás. Le quedan las bragas en los tobillos cuando la empujo contra la cama.
Le levanto una pierna y me la tiro ahí mismo, sintiendo lo mojada que estaba desde el primer mete y saca. La ventana del fondo queda abierta y nadie la cierra. Ella se muerde el labio para no hacer ruido y al final terminamos los dos jadeando sin parar.
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