La tía de pelo castaño no se quita la blusa blanca, solo se la abre mientras te hace una manuela despacio. Primero usa la mano, después le agrega la boca y alterna entre chupada y paja sin despegarse.
Se le ven los ojos naranjas mirando hacia arriba y no deja de mamar ni un segundo. Todo se escucha muy claro, los sonidos mojados y la respiración, y en el cuarto de fondo no se mueve nadie más.
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