Ella sigue con el vestido de novia puesto cuando la noche termina en la cama. Él le sube la falda del vestido y le mete la verga despacio, sin quitárselo, y el blanco del tejido se ve entre las piernas de ella.
Se agarra de las sábanas y se muerde el labio para no gritar tanto. El vestido queda hecho un desorden con cada embestida y ella ya solo lo aguanta, con los ojos cerrados.
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